jueves, 19 de julio de 2012

RELATOS E HISTORIAS DE VILLA DEL ARCO: LA ESCUELA DEL ARCO


Si entráramos en esta Villa por la subida de El Egido nos encontramos de frente con “un moderno chalet” que nada tiene que ver con lo que era la Casa Escuela del Arquillo, donde entonces realizaban sus estudios primarios los escolares de la localidad de mi época, sobre 10 o 12 alumnos aproximadamente, entre los que vivíamos allí y los hijos de los ganaderos de las fincas colindantes.

El moderno chalet...
Este edificio contaba con 2 plantas. La planta baja la componía un amplio zaguán al que se pasaba desde la calle por la puerta principal que daba lo que hoy es la explanada y que se denominaba “El Llano del Cura”. A la parte izquierda de este patio se encontraba una pequeña habitación destinada a comedor, de la que se pasaba al jardín donde en el centro había una enorme higuera y alrededor de las paredes arriates con diversas plantas. Al fondo y parte derecha del  jardín, existía un pozo con un buen manantial, pues salía agua a través de la pared hacia la “Calle del Beleño” que es la que baja desde el Llano del Cura hacia el “Barrio de Abajo”. A continuación del comedor, había un dormitorio con la entrada también a la parte izquierda del patio o zaguán. Después, frente a la puerta de entrada había en el mismo centro de la pared una especie de alacena (sin puerta) de dos o tres baldas de ladrillo o pizarras, pues estaban lucidas y blanqueadas por todas partes. Allí, la maestra tenía bandejas, platos, jarras y otros adornos. A la parte derecha e izquierda de esta alacena, 2 puertas: la derecha daba paso a la cocina y la de la izquierda a la otra habitación dormitorio que carecía de ventana. En cuanto a la cocina, era pequeñita y tenía una bodega o despensa también de reducidas dimensiones y tenía una ventana que daba al huerto allí existente, aprovechando el hueco de una pequeña escalera de pizarras que existía en mencionado huerto para bajar de unas calzadas a otras. En cuanto a la cocina, tenía una pequeña ventana que daba a la “Calle del Laurel”.

En el zaguán de la entrada, en su parte derecha, arrancaba la escalera para subir a la planta alta y en el hueco de la escalera estaba “el poyo de los botijos” y encima otra balda apaisada.
Al final de la escalera, nos encontramos con el descanso de ésta, y a la parte izquierda había una puerta que daba paso a una enorme cocina, cuya chimenea se encontraba en el mismo centro de la habitación; sobre 2 enormes pizarras que salían de la pared, como un metro de altura, se apoyaba la chimenea que se encontraba en el centro del tejado y sobre la que había una veleta que remataba en una cruz (está veleta aún existe hoy en la nueva construcción que se ha llevado a cabo, ver foto).


Al lado opuesto a la entrada había otra puerta que comunicaba con un pequeño pajar. Al lado de la puerta, junto al rincón, había un fregadero que consistía en una enorme pizarra sujeta entre las dos paredes, la que daba a la calle y la que daba al pajar. Este fregadero estaba ligeramente inclinado a la calle para que el agua saliera a través de un pequeño canal adosado a la pared para que el agua fuera expulsada fuera de la fachada.

Desde el propio descanso de la escalera pasamos a la puerta de enfrente y tenemos acceso a un pequeño local que servía de archivo, trastero o algo así. Tenía una pequeña ventana que  daba al “Huerto del Horno”. En la parte izquierda de esta pequeña habitación estaba la puerta que daba entrada a la escuela. Este local era muy bonito, con mucha luz, tenía una ventana bastante grande que daba al mencionado Huerto del Horno y 2 claraboyas en el tejado. Su piso al igual que todos los demás no siendo el patio que era empedrado y con argamasa, eran todos de pizarra. Las de la escuela, muy bonitas y cuadradas y de igual tamaño. En el rincón existía al final de la pared de la derecha, entrando había un armario que era la pequeña biblioteca donde se encontraban los libros en pequeños montones: Fábulas Educativas,  Alboradas, El Cielo, Juvenciones y Juventores, Gramática, El Quijote y muchos otros títulos más. También teníamos un Globo Terráqueo. En el rincón opuesto, al otro lado de la ventana, había una pequeña balda formada por una pizarra sujeta entre las 2 paredes y sobre la que estaban las “pesas y medidas”. En las paredes este y frente a la puerta de entrada, un Mapa de España, Un Mapamundi y un cuenta bolas y dos pizarras encerados.

Al lado de la puerta un cuadro de la Inmaculada y un pequeño dosel con un crucifijo. Delante, la mesa de la profesora (Doña María Rodrigo Carrascal) con un sillón de madera y el asiento de enea o juncos. Otras profesoras fueron: Dña.María Ruiz Pérez, Dña. Tere, Dña. Antonia Galán, Dña. Gloria Pérez. Esta última que era de Losar de la Vera, la estuvo sustituyendo mi hermana Petra, y al casarse mi hermana, me quedé yo dando clases durante cierto periodo de tiempo.

Así era la casa escuela de Villa del Arco en sus orígenes hasta que fue adquirida ya en estado ruinoso por la Asociación de Amigos Villa del Arco, al sacarlo a subasta pública el Ayuntamiento de  Cañaveral.

La Escuela del Arco antes de ser demolida...
Puesto que la Asociación carecía de medios económicos para su restauración y mantenimiento, se le cedió al Ayuntamiento de Cañaveral por un periodo de tiempo y el gobierno de por aquel entonces procedió a su derribo para edificar el edificio ahora existente, que poco o nada tiene que ver con lo que era en realidad la Casa Escuela del Arquillo. En principio se pensó en utilizar como Albergue de Peregrinos del Camino de Santiago, pero debido a la distancia y el desplazamiento de 3 km que deberían hacer los peregrinos desde el camino original de la Vía de la Plata, en un futuro esta obra se dedicará a ser una “Posada Rural”

Otro de los locales de Arco adquirido por nuestra Asociación en subasta fue el Ayuntamiento de esta pequeña barriada, que actualmente sirve como sede oficial de la Asociación, para reuniones y para organizar la Fiesta de la Barrida del Arco, el 2º Domingode Septiembre cada año.

Texto original: Manuel Ramos González
Texto editado: Emilio J. Orovengua 

1 comentario:

  1. Anónimo7:38 p. m.

    Yo, Josefa Cano Durán, el Arquillo es mi pueblo, pero de mi escuela original no queda ni rastro, solo la nostalgia y el recuerdo de mis compañores, a los cual recuerdo con mucho cariño siempre. Mi escuela tan bonita, faltan las regaderas corriendo agua, el nogal alto en el cual nos cobijabamos bajo su sombra, el poyo donde nos sentábamos. Pero ya no nos queda nada de aquello tan cautivador, solo nos queda ese pegote de color mostaza con pizarras de fábrica levantadas.

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